viernes, 10 de agosto de 2012

And one of these days. . .


So fortune cookies would say 
that changes are coming 
and one of these days 
the blue will be blue, 
and not just a shade of grey.



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domingo, 5 de agosto de 2012

Vente. . .




Esta noche va a ser difícil dormir. Esta noche hay algo que le da vueltas por todo el cuerpo. Algo que, en esas miles de vueltas, cuando pasa por su cabeza hace que se sienta la peor persona del mundo, y cuando pasa por el corazón la hace arder de ganas, arder de vida.

¿Y qué más da si no es lo que debería hacer? ¿Qué importa la opinión de la gente cuando tus latidos comienzan a acompasarse con los de otro corazón? ¿Por qué todo el mundo le aconseja que se desenganche de él, si es precisamente eso lo que le da la vida? ¿No se trataba de vivir?

A veces la convencen sus amigas y ella vuelve a lo real, a lo tangible. A la tranquila rutina de no complicarse la existencia. Al camino recto, al sofá de cada día y la cama fría de cada noche. A veces tienen razón ellas, a veces se conforma con estar bien y nada más.

Pero esta noche, no.

No me importa si contagio mi sangre, 
porque cuando veo tus ojos todo arde 
y me consumo despacio por tocarte.



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lunes, 16 de julio de 2012

Midori

  Midori y yo abandonamos el local y paseamos por el barrio. Recorrimos las librerías de viejo y compramos varios libros, entramos en otra cafetería y tomamos otra taza de café, jugamos a la máquina del millón en un salón recreativo, nos sentamos en el parque y charlamos. En general, ella era la que hablaba; yo me limitaba a asentir. Midori me dijo que estaba sedienta y fui a una pastelería del barrio a comprar dos Coca-Colas. Mientras tanto, ella garabateó algo con un bolígrafo en un bloc. Al preguntarle de qué se trataba, me respondió que no era nada importante.

  A las tres y media me dijo que tenía que irse, que había quedado con su hermana en Ginza. Los dos caminamos hasta la estación del metro y allí nos despedimos. En el instante de separarnos, ella me introdujo una hoja de papel doblada en cuatro en el bolsillo del abrigo. Me dijo que la leyera al regresar a casa. La leí en el tren...


  “Hoy me has hecho algo terrible. No te has dado cuenta siquiera de que me he cambiado el peinado, ¿verdad? Después del tiempo que he tardado en dejarme crecer el pelo, a finales de la semana pasada por fin logré hacerme un peinado más o menos femenino. Pero tú no te has dado cuenta. Y yo que pensaba que estaba bastante mona y que, después de estar tanto tiempo sin vernos, te sorprenderías..., pero no te has fijado. Esto es el colmo, ¿no crees? Quizá no recuerdes qué ropa llevaba puesta. Yo soy una chica. Por más cosas que tengas en la cabeza, ¡podrías prestarme un poco más de atención! Hubiera bastado con una frase del estilo: "Te sienta muy bien este peinado". Te hubiera perdonado que fueras a la tuya, que pensaras en qué sé yo.

  Por esto, te he dicho una mentira. No es cierto que haya quedado con mi hermana en Ginza. Hoy pensaba pasar la noche en tu casa. Dentro del bolso llevo el pijama y el cepillo de dientes. ¡Ja, ja, ja! parezco idiota. Si no me has invitado... En fin, te importo un rábano y, por lo visto, quieres estar solo, así que te dejaré en paz. Quémate las cejas pensando en lo que te dé la gana.

  No creas que estoy enfadada contigo. Sólo estoy triste. Porque tú has sido muy amable conmigo y, a cambio, no he sabido ayudarte. Tú siempre estás encerrado en tu propio mundo y, cuando llamo a la puerta, "toc, toc", te limitas a levantar la cabeza antes de volver a encerrarte.

  Ahora te acercas con las Coca-Colas. Parece que tengas la cabeza en las nubes. He deseado que tropezaras, pero no te has caído. Ahora acabas de sentarte a mi lado, te estás bebiendo la Coca-Cola a sorbos. Deseaba que al volver hubieras caído en la cuenta y al fin me dijeras: "¡Anda, pero si te has cambiado de peinado!". Pero no ha habido suerte. Si te hubieras fijado, hubiera roto esta carta y hubiera dicho: "Vámonos a tu casa. Te haré una buena cena. Y luego nos iremos a la cama los dos muy juntitos". Pero eres tan insensible como una plancha de hierro.

  Adiós.

 P.D. A partir de ahora, aunque me veas en clase, haz el favor de no dirigirme la palabra.”



 [...] Cuando telefoneé al apartamento de Midori, volvió a ponerse su hermana, y esta vez me dijo que Midori no había aparecido desde el día anterior y me preguntó si yo tenía idea de dónde podía estar. Lo único que yo sabía era que llevaba un pijama y un cepillo de dientes en el bolso.

 […] La vi en la clase del miércoles. Vestía un jersey del color de la Artemisa y las gafas oscuras que solía llevar en verano. Me acerqué y le dije que, después de la clase, quería hablar con ella. Efectivamente, el peinado de Midori era mucho más femenino que tiempo atrás.
- He quedado. –negó con la cabeza.
- No te entretendré mucho. Sólo serán cinco minutos. –dije.
Midori se quitó las gafas y entornó los ojos. Parecía estar mirando una casa en ruinas a cien metros de distancia.

 (Tokio blues, Haruki Murakami)

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miércoles, 11 de julio de 2012

Lo perdí programando mi gran evasión. . .


¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente cuando no se ve el final.
¿Qué se siente al ser tan libre?
Dime qué se siente cuando vuelas sobre el mar.
Debe ser tan increíble… No consigo recordar…

Lo olvidé entre proyectos de sublevación,
entre pobres achaques de sinceridad.
Lo perdí programando mi gran evasión,
entre altivos delirios de seguridad.

¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente en pleno caos emocional.
¿Qué se siente al ser eterno?
Dime qué se siente cuando el tiempo está de más.
Debe ser tan increíble… No lo puedo recordar…

Lo olvidé entre proyectos de sublevación,
entre pobres achaques de sinceridad.
Lo perdí programando mi gran evasión,
entre altivos delirios de seguridad.

Hoy pensé que podía volver a pasar.
Hoy soñé que tenía otra oportunidad.
Y subía y subía sin mirar atrás…
y moría en el mar de la tranquilidad.

¿Qué se siente al ser tan joven?
¿Qué se siente al ser tan joven?

Lo olvidé entre proyectos de sublevación,
entre pobres achaques de sinceridad.
Lo perdí programando mi gran evasión,
entre altivos delirios de seguridad.

Hoy pensé que podía volver a pasar.
Hoy soñé que tenía otra oportunidad.
Y subía y subía sin mirar atrás…
y moría en el mar de la tranquilidad.

¿Qué se siente al ser tan joven?
Dime qué se siente en el vacío celestial.



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viernes, 6 de julio de 2012

La única noche


Cuando salieron del restaurante, parecían la mejor pareja de toda la ciudad.

Han pasado varias horas desde la medianoche. Se siente el único hombre despierto del mundo, y quizá lo sea. En el otro lado de la cama, ella. Cada vez que la mira, se pregunta cómo es posible que ahora suene tan leve esa respiración que hace muy poco tiempo lo inundaba todo.

Tal es el silencio de la noche, que alguien ha hecho funcionar el ascensor y el ruido ha sonado como un estruendo por todo el edificio. No ha llegado a despertarla, pero ha murmurado algo en sueños mientras se giraba para colocarse de cara a él. Y ahora él vendería su alma a todos los relojes del mundo por que esta noche se detuvieran para siempre. Es lo más bonito que ha visto en su vida.

Y sonríes sólo durante un segundo o dos.
Y te duermes, y no puedo dormir yo.

Casi treinta grados en la calle y bajo cero en la habitación. No conocía esa sensación. Es el frío del miedo, del futuro incierto, del corazón helándose, de las noches pasando como trenes que esperas toda la vida y jamás vuelven.

Ayer, en su casa mientras repasaba las pocas fotos que tenía de ella, se preguntaba qué se sentiría al cogerla de la mano, a qué olería su pelo, cómo de suave sería la piel de su espalda, a qué sabrían sus suspiros, si sus ojos serían de cerca tan de mentira como le habían parecido todo este tiempo... Cuando amanezca y regrese a casa, habrá cambiado de golpe todas sus preguntas por una sola…

¿Qué será ahora del resto de sus noches?

Me dijiste en la cena: “Mañana se acabó,
esta noche es un regalo y un adiós”.
Nunca volveré a escuchar este ascensor.


La única noche by McEnroe on Grooveshark
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viernes, 29 de junio de 2012

Si quieres. . .


Hay una idea que llama la atención y que últimamente, casi por inercia, es el centro de todo lo que escribo. Son los que llamo “momentos que valen por toda una vida”.

El tiempo y el lugar no se llevan muy bien. Por eso pasa tan pocas veces que se ponen de acuerdo, pero cuando ocurre nos regalan instantes que al final acabamos recordando toda la vida. Son los momentos con los que se construye una historia, son los momentos que nos hacen sentir de verdad. Y cuando llegan nunca pasan desapercibidos, porque lo hacen dejándote la sensación de que no hay un solo sitio en el mundo en el que podrías estar mejor. Y empiezas a creer en la felicidad, aunque dure apenas cinco minutos.

Hace unas semanas, pude disfrutar de uno de estos instantes. Sobre el escenario, ante un fondo rojo, dos hombres cantaban sobre la adicción a un amor, y entonces yo lo comprendí todo.

Creo que fue así…



Si quieres, facturo el invierno y te saco de golpe Febrero de aquí.
Si quieres, repito contigo esas noches que no se podrán repetir.
Si quieres, te pinto en el aire un abrazo gigante y detengo el avión.
Si quieres, le cambio el horario al destino matando de un beso al reloj.

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miércoles, 27 de junio de 2012

Sígueme. . .

Desde estos días, ya podéis seguir "Lejos del Paraíso" en Facebook. Así podréis recibir las actualizaciones al momento sin tener que pasaros por aquí, y comprobar si sigo vivo en caso de que vuelva a estar casi medio año sin publicar nada.

Podéis pinchar en la imagen de la derecha o entrar en este enlace:


¡Os espero!
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viernes, 22 de junio de 2012

El verano


Lo que menos me gusta del verano es el calor.

Y lo que más me gusta del verano es…

es…

The sun, the trees, the moon, the sea…
the clouds above hang over me…


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lunes, 18 de junio de 2012

Sobre jarrones de porcelana y mi buena suerte


The world is a bad place,
a bad place,
a terrible place to live…
but I don’t want to die.

Hace pocos días, pude disfrutar del mayor placer que tiene la vida de antiguo universitario: las tardes dedicadas a los amigos que conocí allí. No soy una persona que suela estar siempre rodeada de amigos. Lo sé, lo entiendo y casi nunca lo he lamentado mucho, quizá porque con los años he crecido viendo cómo las personas más importantes para mí cambiaban de colegio, de barrio, de ciudad, de país. El número de amigos imprescindibles en mi vida no llega a las dos cifras, pero tengo claro que las tres personas que había junto a mí esa tarde están en ese grupo.

No somos nada originales, hablamos siempre de lo mismo. Por ejemplo, de los cinco años que pasamos juntos día tras día compartiendo nervios, sonrisas, preocupaciones, ilusiones, tristezas… Compartiendo emociones. Aparecen nombres de profesores que ya casi no recordaba, asignaturas que fui aprobando una tras otra… y entonces empieza a oler a facultad y parece que después de cualquiera de esas anécdotas nos vamos tener que levantar corriendo de la mesa porque empieza ya la clase y tenemos que buscar cuatro sitios juntos. Sé que sienten lo mismo que yo cuando hablan de todo lo que vivimos esos años, lo noto en sus miradas. Jamás me perdonaría perder el contacto con cualquiera de ellos, son simplemente parte de mí.

También hablamos de amor.

No sé si es bueno o malo saber mucho del amor. Yo siempre he pensado que las mejores cosas de la vida son para disfrutarlas, que conocerlas bien no es tan importante y que precisamente en esa ignorancia está a veces la felicidad. Pero durante aquellos dos Nesteas aprendí muchas cosas. Aprendí que puedes dejar atrás toda tu vida por amor, pero cuando al amor le toca compensarte, a veces va y no lo hace. También me hablaron de amores preciosos y trabajados, que como jarrones de porcelana de repente un día aparecen rotos sin saber por qué, y cuando pegas todos los trocitos te das cuenta de que a veces no es suficiente con que las cosas recuperen su forma, porque ni siquiera así vuelve a ser tan bonito como antes. Escuché una historia sobre amores eternos pero nacidos a contratiempo, sobre huidas y peligrosos regresos con el tren en marcha, sobre el esfuerzo por encajar las piezas y sobre las difíciles decisiones que nos obliga a tomar el corazón. Todo esto no son películas ni aparecen en ningún libro, estas cosas le pasan de verdad a personas normales que también al principio pensaron que el amor era para siempre y también lo intentaron hacer de la mejor forma posible. Es importante no perder esto de vista.

Conozco las dos caras del amor. Disfruto cada día de la cara buena, tiene ojos marrones, pelo rizado y cuerpo de princesa. Pero no soy tan inconsciente como para pensar que la cara mala no existe; sé que está ahí, que hay gente que la sufre a diario y que es capaz de nublar los días más claros. Sé de su costumbre por llegar cuando menos se la espera, sé que nadie está a salvo de verla y sé lo difícil que es ser más fuerte que ella.

Por eso, cuando se hizo de noche y mis amigos se fueron, yo regresaba a casa mirando mi móvil: el fondo de pantalla, algunos mensajes… Y en ese instante de soledad que todos necesitamos, pensaba en mi vida, que no es perfecta y tiene rincones sin limpiar, pero que también tiene algo brillante que jamás soñé que podría disfrutar. Algo que se sube cada día a lo más alto de mi montaña de problemas, de ansiedades y de incertidumbres para, desde ahí arriba, gritarme bien alto que soy un chico con suerte. Y sí, por un momento me sentí inmensamente feliz.


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Quiero agradecer a las chicas de eSaOeSa ( http://esaoesa.blogspot.com.es/2012/06/premios-iebster-bog.html ), que por alguna extraña razón me han regalado el premio de haber elegido a Lejos del Paraíso como uno de sus cinco blogs favoritos. ¡Gracias!

viernes, 2 de marzo de 2012

Ella



Hoy cumple 22 años, pero será como cuando llegó con 19. Seguirá siendo lo más bonito de todo el día, cada día.

Seguirá sonriendo como aquella tarde. Seguirá inventando planes perfectos para dos. Seguirá sin vaciar la caja de sorpresas que me prometió cuando empezó todo. Seguirá enseñándome un montón de cosas, por ejemplo a ser fuerte contra todo lo que venga. Seguirá guardando su amor en canciones para regalar. Seguirá perfumando todos los hoteles de todas las ciudades que conocemos. Seguirá pintando con sus colores los vagones del metro, las calles y el cielo de Madrid. Seguirá llevándose lo mejor de la noche en su autobús. Seguirá dibujando con tinta roja sobre los borrones negros que deja la vida. Seguirá esparciendo estrellitas por donde pasa.

Y yo… yo seguiré creyendo en ella. Creyendo que la palabra amor se escribe con ella, deshaciendo planes por hacerlos con ella. Seguiré jugando a hacerla feliz, y dando todo lo que tengo y más por conseguir que lo sea. Seguiré viendo en mi sonrisa el reflejo de la suya.

Seguiré convencido de que si el futuro es ella, va a ser muy fácil ser feliz.


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