Juega libre por el aire su voz en mi oscuridad, sus mil formas de bañarme de sus vistas hacia el mar. De palabras que se llenen de miradas hacia el techo, de mis ganas de que vuelen de sus ojos a su pecho. Y me atan sus seis cuerdas, y me vuelve casi un niño cuando dejo que me muerda (sin su roce) su cariño. Restos de un primer abrazo que hoy se clava como astillas. Que me busquen en pedazos entre rizos de vainilla. Diecisiete ríos de culpa por sentir su aroma dentro. Diecisiete veces "nunca", diecisiete desencuentros.
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